martes, 19 de enero de 2016

Ponte cómodo.

Hacía tiempo que no me paraba a pensar.
Hacía tiempo que no me apretaban en las sienes las ganas de tomarme un café conmigo y hablarme de mí, y oye, qué bien sienta.

Hoy es de esos días que amaneces con ganas de hacer de todo y acabas en pijama sin ganas de nada.

Son las 20:00 h y hace noche de tinta y papel, hace tiempo de sombras, de velas y de olores, hace noche de mí, y todavía no me he asomado a mirar la Luna.

Entre estas cuatro paredes, las flores que tengo delante, mi cama, un reloj parado y dos lamparitas que de vez en cuando parpadean dándome un poco de ''miedo'', miedo que no sentiría si tú estuvieras enredando mi cabello en tus dedos.

De fondo escucho tu respiración, mezclándose con la mía a través del aire. Ese que se mantiene quieto entre nosotros aquí encerrados. Ese que sin pretenderlo nos hace meternos en un huracán de pasión sin salida. Un huracán del que tampoco pretendemos salir, del que nunca me quiero ir a no ser que seas tú quién me abre la puerta y la vuelve a cerrar conmigo dentro.

Y una vez ahí, al otro lado, entonces es cuándo vería  la Luna, al sentir tus labios en mi cuello, al ver que me puedo sumergir en ti sintiendo lo contrario, que floto. Y sería capaz de pedirte que te quedaras a dormir en mi boca.
Justo en ese momento yo ya me habré instalado en tu mirada, porque eres un pellizco que me hace saltar de un brinco el alma, esa que por mucha ventaja que le haya dejado a la mente, siempre acaba ganando, esa de la que hace tiempo no te saco.
Pero es que te veo tan cómodo ahí, que moverte no me lo perdonaría.
Puedes seguir acomodándote.

domingo, 10 de enero de 2016

Despertador.

Cómo iba a empezar bien esa mañana si un aparato pequeño, insignificante, ya me estaba obligando a despertarme. Que me levantara decía, que moviera el culo, que el día pasaba, la gente me esperaba, las horas corrían, posiblemente habría tráfico, no encontraría el bolso que quería y las llaves de casa seguramente estarían en algún paradero de mi casa aún por mí desconocido.

Así es imposible empezar el día con armonía, así que, disculpadme todos aquellos que cuando cae el día me preguntan por cómo me ha ido.

Me he tenido que poner en pie a las siete de la mañana, que hacía un frío aterrador, que estaba lloviendo y que me ha pillado el atasco del que me hablaba el despertador, del cuál no he salido hasta media hora después haciéndome llegar tarde a mi cita.

Pero no acaba ahí la cosa, al salir del coche algún o alguna miope pasó rozándome a la velocidad precisa que le permitía a su coche llenarme de agua y barro piernas, zapatos, manos, bolso y abrigo. Gracias.

Todo esto para que cuando llego al lugar dónde tendría que haber estado mucho antes, me comuniquen que me he confundido de día.


Supongo.

Supongo que nunca te he entendido como tu quisieras, pero yo siento que tu tampoco has entendido nada.
Supongo que nadie puede vivir plenamente si siente miedo y supongo que nadie puede vivir sintiendo miedo con respecto a otro alguien. Miedo a ser olvidada, a morir en el corazón de otra persona.

Supongo que eso de sentirse culpable ya no se lleva nada y lo de cambiar tampoco entra en mis planes.

Supongo que el único problema es que debería quererte un poco menos, o simplemente quererte diferente, para que no se me haga una montaña cualquier cosa sin ti.

Supongo que no soy eso que deseas, no soy lo que buscas ni sé ser lo que a ti te gustaría.