martes, 8 de mayo de 2012

Mírame.

Es lo único que te pido, que me mires a los ojos fijamente.
Mira en su profundidad y dime que ves en ellos.
Dime qué ves.
¿Un alma rota?
¿Que mis ojos lloran?
¿Que mis ojos gimen?
¿Ves lágrimas en ellos?
Dime que te están diciendo mis pupilas, mírame, ruego que lo encuentres.
¿Ves en ellos rayos de sol?
¿Ves en ellos un bosque espeso?
¿Ves en ellos un barco apunto de naufragar?
Vamos, venga,  míralos bien.
Intenta ver más allá.
No quiero que veas un ave que no puede volar, un pájaro con las alas rotas. Quiero que los mires y notes su melodía, que sientas como entonan tu vida cuándo se clavan en ti.
Cuándo tengas amor suficiente  solo me tienes que enseñar a que canten, a que no sea únicamente melodía, a que también sean palabras perfectamente entonadas.
Siento algo duro en el pecho, oprimiéndome. Es el corazón, con algunos golpes ya, pero solo te pido una cosa, que me mires a los ojos, que me mires a los ojos y me respondas.
¿Te vas a quedar aquí?
Devuélveme esa esperanza que ves que en mis ojos falta, empuja a éste ave que ya no recuerda como volar .
Mi voz a veces no es voz. Se convierte en cuanto se pronuncia en un eterno silencio, y mis ojos , los que ahora no puedes dejar de mirar, fueron infinitas cascadas. Este corazón, un corazón que se vuelve a arreglar y solo te digo una cosa, que todo ese es mi equipaje, no tengo nada más.